Andrea Fenochio —
De los 323 “municipios de la esperanza” el 70% viven en condiciones de alta o muy alta marginación.
Hacinamiento, carencia de servicios básicos como: agua entubada, energía eléctrica, drenaje y servicios de salud paupérrimos, son solo algunas de las condiciones en las que las se encuentran los habitantes de estos municipios libres del COVID-19 y al parecer de cualquier beneficio para la población, que sigue deambulando entre la alta y muy alta marginación.
Hay comunidades que han llegado a la distinción de “municipios de la esperanza” por el simple hecho de estar conformados por menos de 100 de habitantes (y es que con este número el factor de contagio se reduce) y porque tampoco cuentan caminos medianamente funcionales para que se pueda tener acceso o salir de dichos lugares, ejemplo de ello Santa Magdalena Jicotlán, Oaxaca, el municipio con la población más pequeña del país, con apenas 87 habitantes.
Los municipios de la esperanza se ubican en 14 estados: Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán. Y al menos Chiapas, Oaxaca y Guerrero son estados en donde siempre ha existido la pobreza y a los cuales tal parece, no ha llegado el COVID-19 ni mucho menos la Cuarta transformación.





