ANDREA FENOCHIO
Años de liturgias y celebraciones de Semana Santa se han visto empañadas por la presencia del temible COVID-19.
Bajo la consigna de “Quédate en casa”, millones de personas en México y el mundo se resguardan en sus hogares para evitar posibles contagios del letal virus. Atrás quedaron las misas, el lavatorio de pies o los Vía crusis, que escenifican la pasión de Cristo en todo el mundo.
Este Sábado de Gloria no habrá bañistas ni en balnearios ni mucho menos en las playas.

Y es así como siglos de tradición católica se han quedado postergados para tiempos mejores, de las vacaciones de Semana Santa que tanto anhelábamos mejor ni hablar.
Esto representa no solo un golpe en el rito católico sino además, un golpe a la economía que en estas fechas registraba buenos dividendos gracias al turismo religioso y convencional, y es que católicos o no, al menos en México, nadie se escapaba de quedarse aunque fuese por un par de días descansando en casa, ahora muchos lo hacen sin embargo el panorama es distinto.





